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La astrología aparece constantemente en todos los textos alquímicos, porque ambas se apoyan en la misma visión del mundo: que lo exterior y lo interior se reflejan el uno al otro y son partes indistinguibles de una única totalidad.

La famosa Tabla de Esmeralda de Hermes Trismegisto, texto mágico y alquímico escrito en los siglos II y III después de Cristo, que se convirtió luego en la Biblia alquímica del Renacimiento, expresa con bellísima simplicidad que lo que está arriba es como lo que está abajo y lo que está abajo es como lo que está arriba; y así el milagro del Uno se realiza.   Esta visión hermética del mundo es familiar para todos los astrólogos que han estudiado los antecedentes de su arte, porque se basa en la ley de las correspondencias.   Podrán encontrar este mismo enfoque en muchos textos astrológicos del siglo XX, porque tanto las escuelas de teosofía como Rudolf Steiner, Alice Bailey y otros han conservado la antigua visión hermética de la realidad.   De tal manera, el principio de Marte, por ejemplo, no está representado solamente por un planeta; se lo encuentra también en la tierra como hierro, en el cuerpo como el instinto agresivo, y así sucesivamente.   Saturno no es solamente un planeta; es también el plomo en la tierra, y el sistema óseo en el cuerpo humano, y el impulso de autoprotección.   Al Sol no sólo se lo puede encontrar en los cielos sino también en la tierra como oro, y en el hombre como el corazón y la capacidad de amar.   La visión de un cosmos unificado, entrecruzado de conexiones que forman un número finito de líneas arquetípicas, era tan fundamental para la alquimia como para la astrología, de manera que las dos nunca se separaron.

Los metales sobre los cuales trabajaba el alquimista no eran solamente sustancias reales sometidas a procesos de cocción; en ellos se reflejaban también los planetas, y los grandes procesos cósmicos.   De modo que si uno estaba transmutando plomo, estaba transmutando a Saturno, y a la vez estaba operando sobre los aspectos defensivos, oscuros, depresivos y estériles de la Naturaleza y de sí mismo, con el objeto de liberar el oro solar de un corazón amante y de una visión jubilosa de la vida.

Las distintas etapas del proceso alquímico (opus)

[La calcinatio]

Es una etapa muy conectada con el simbolismo del fuego.   La idea es que el alquimista calentaba la prima materia hasta que, una vez evaporado el líquido, quedaba reducida a cenizas.   Creo que este símbolo tan vívido no necesita mucha explicación.   El simbolismo que rodea a la calcinatio lleva implícito casi siempre la frustración del deseo, hasta que las emociones se agotan y el viejo rey o el animal salvaje se quema hasta reducirse a su mera esencia.   El fuego purifica la escoria, y aquí la escoria es el líquido, el agua, la imagen de la nostalgia de unión.   Los animales que se suelen relacionar con la calcinatio están conectados con las pasiones: el hambre y el orgullo, la arrogancia y el deseo.

El león personifica las pasiones señoriales, el "yo quiero"; es el niño voraz e imperioso que se siente el centro del universo, esgrime el poder absoluto y destruye aquello que no puede tener.   Y el lobo, que es uno de los animales de Cíbele, la voraz diosa-madre de Asia Menor, está perpetuamente hambriento.

Uno de los dominios de la vida donde se da en forma más característica la etapa de la calcinatio es el del amor frustrado.   Esta experiencia, si la aborda uno con un mínimo de conciencia, quema muchísima escoria.   Normalmente, si una persona no puede tener el objeto de su deseo, siente mucha cólera y echa la culpa a otra persona, o a alguna circunstancia externa; o sino, experimenta una especie de autoconmiseración y autodenigración lacrimógenas.   Pero si la respuesta ante una situación así incluye cierto reconocimiento de su potencial creatividad, y la persona puede tener la vivencia de ello y consigue contener su frustración y su rabia sin culpar al otro ni autoculparse, hasta que algo comienza a transformarse desde adentro, entonces una experiencia así puede llegar a ser un aporte importantísimo a la configuración de un sentimiento sólido de la identidad personal.   El individuo que jamás ha experimentado una frustración así, o que la ha interpretado solamente como culpa, ya sea propia o ajena, nunca puede crecer más allá del león y el lobo; hay una voracidad y una destructividad básicas e inflexibles que se enconan en el inconsciente, y con frecuencia están totalmente fuera del alcance de la percepción de la persona.   Pueden ser movilizadas por toda clase de situaciones externas, con horror del individuo que lo experimenta; o si no, puede suceder que éste evite instintivamente cualquier compromiso o relación profunda con otros, por miedo de lo que pueda suceder si el león o el lobo llegan a soltarse.

la única alternativa a esta situación, bastante típica, es que el lobo y el león ardan en el fuego, o se les amputen las patas.   El lobo, además de ser uno de los animales asociados con la diosa-madre, se relaciona también con Marte.

Otro planeta que asocio con la calcinatio es Plutón.   Así como Marte representa el deseo individual, Plutón es un impulso más ciego e instintivo; no sólo nos vincula con otros seres humanos, sino también con el reino de las bestias.   Plutón refleja la pasión, en el sentido del instinto de supervivencia y de reproducción, arcaico por excelencia, que posee todo organismo.   Esto puede ser especialmente inquietante para el individuo que se ha disociado de sus impulsos corporales y cree haber trascendido este tipo de cosas.   Las imágenes de la combustión también parecen estar ligadas con los movimientos fuertes de Plutón en la carta, y durante esos períodos a menudo hay una combinación en que Marte y Plutón operan juntos.

Una de las configuraciones natales que asocio con la calcinatio alquímica es la conjunción de Marte, Saturno y Plutón que se produjo en 1948.   Muchísimas personas tienen esta configuración natal, que -especialmente en cuanto cae en signo de fuego- transmite la sensación de algo que tiene que ver con el problema arquetípico de transformar las pasiones primitivas en una expresión creativa individual, y hace pensar que en algún momento de su vida el individuo que la tenga puede verse en la necesidad de pasar por una experiencia, muy difícil y formativa, de intensa frustración, en que le sea negado alguien o algo que él desea apasionadamente.

Una carta natal donde predomine el fuego sugiere también que los problemas de la calcinatio -deseos poderosos, arrogancia y la frustración inevitable de la pasión que potencialmente es capaz de otorgar una integridad interior y una confianza en sí mismo enormes- se reiterarán una y otra vez durante la vida. Algunas personas con mucho fuego retroceden ante esta cualidad apasionada innata en ellas, e intentan aferrarse con uñas y dientes a los dominios del intelecto, y del espíritu, para huir de la combustión.   También los tránsitos y las progresiones de Saturno, cuando afectan fuertemente a una carta con mucho fuego, pueden significar experiencias de calcinatio.   De este fenómeno se observan tanto manifestaciones físicas como emocionales, en ocasiones parece que determinadas enfermedades, como infecciones y fiebres, se relacionan con la cuestión del deseo frustrado.

Como ya he dicho, con frecuencia las imágenes alquímicas son violentas, y la de encerrar un lobo en un recipiente sellado y después encender fuego debajo no es muy atractiva.   Con toda seguridad, el lobo se pondrá insoportablemente rabioso.   Pero el fuego purifica y transforma, y esto es lo que intenta obtener la calcinatio.

En los textos alquímicos, la calcinatio se asocia también con el purgatorio, porque es un proceso de purificación que quemándolos, disipa los pecados.   El fuego no sólo quema y frustra; también purifica e ilumina.   La iluminación, o un sentido del carácter significativo de la experiencia, es uno de los objetivos de la calcinatio, como lo es también la pureza emanada de una absoluta sinceridad consigo mismo.   Lo que queda es indestructible, porque uno no puede dejarse corromper ni sorprender a traición por el autoengaño.   Esta es otra potencialidad de esta etapa del opus, peculiar de los signos de fuego, y también de las personalidades marcianas y plutonianas.   Por naturaleza, los signos de fuego son inicialmente irreflexivos, y la calcinatio los obliga a una especie de introversión cuyo resultado es una capacidad de mirar hacia abajo y hacia adentro.

Creo que estos procesos alquímicos son cíclicos, pero más bien en espiral que circulares.   Cada vez que se repiten, se forma un poco más la piedra, y por minúsculo que sea el trozo, uno ya no sufre de la misma manera.   Tal vez no tenga que sufrir para nada, en el sentido que damos generalmente al término "sufrir", porque hay una cooperación consciente con lo que está sucediendo, y la sensación es más bien la de una opción.

[La solutio]

Esta etapa no sigue necesariamente a la calcinatio.   Puede precederla o venir después de ella, con otra etapa entre ambas.   Como la calcinatio, la solutio, que significa simplemente "disolver", representa una muerte y una transformación, pero aquí trabajamos con el elemento agua más bien que con el fuego.   Astrológicamente, asocio el simbolismo alquímico de la solutio con Neptuno, así como relaciono el de la calcinatio con Marte y Plutón.   En el opus, se coloca la prima materia en el alambique y se la disuelve en agua; así se descompone y se desintegra.   Pierde su forma definida y sus propiedades, y se vuelve fluida, o parte de una mezcla fluida.   Una manera de considerarla desde un punto de vista psicológico es ver la solutio como una experiencia de la desintegración de los límites del yo, que es también una experiencia de entrega.

Para muchas personas la solutio no es en modo alguno una experiencia angustiante, pero para muchas otras sí lo es, en particular para aquellas que han definido con mucha precisión sus límites y temen la pérdida de control.   Es frecuente que el individuo muy saturnino o muy terreno tema la solutio, y lo mismo sucede, paradójicamente, al marciano, debido a la pérdida de autonomía que lleva consigo.

Es probable que la etapa de la solutio sea una experiencia familiar para muchos de ustedes.   La sensación de los propios límites comienza a disolverse, y en ocasiones es como si a uno le faltara una capa de "piel psíquica".   Nos sentimos de pronto muy vulnerables y permeables y emergen sentimientos que amenazan con anegar nuestro yo racional.

Como la calcinatio, la solutio se experimenta con frecuencia por mediación del amor, pero es un tipo de vivencia muy diferente.   En la solutio, el amor se expresa como sumisión y entrega, la pérdida de sí mismo en la identidad del ser amado.   Uno se vuelve impotente, se ve despojado de su propio yo, se funde con el otro.   En cierto sentido, es una erosión de la identidad individual.   Con frecuencia, sentimientos de pasividad y fatalismo acompañan a la solutio.   El alma se ha escurrido como un líquido, se ha salido de uno para confundirse con algo o alguien más.   Es una vivencia muy "urobórica", es una imagen del útero; y también del paraíso.

Estar dentro del uroboros significa estar en el Jardín del Edén antes de la caída.   Es un lugar maravilloso y dulce, de bienaventuranza, un retorno a la fuente de la vida, donde no hay separación y uno no siente que sea algo aparte.   La vivencia "oceánica", una experiencia cumbre que incluye la sensación de ser uno con la totalidad de la vida, es otra manera de expresar el simbolismo de la solutio.

Pero la solutio no es siempre placentera, o puede ser hermosa al comienzo para después ir cargándose cada vez más de angustia, por la sensación de que a uno le falta el suelo bajo los pies, y de que se ve sometido a fuerzas que escapan de su control y de su entendimiento racional.

Lo mismo que el fuego, el agua limpia sumergiendo al individuo en el inconsciente colectivo para después abandonarlo suavemente sobre la playa, recién nacido y listo para inicar una vida nueva.   El propósito de la solutio es liberar esta vida nueva, depurada de la corrupción y el cinismo de la vieja.   Este es el propósito de todas las muertes alquímicas: conducir a nacimientos.   La solutio representa la muerte por ahogamiento.   Cuando finalmente la prima materia vuelve a unirse, ya ha sido limpiada de sus impurezas y se puede ver el oro.

Es decir que la solutio, lo mismo que la calcinatio, conduce a una especie de muerte.   Con frecuencia, al individuo que se ha ahogado en la experiencia de la unión mística o en la fascinación erótica, le espera una depresión.   El antiguo sí mismo se ha disuelto, pero todavía no hay nada nuevo que lo reemplace.   Uno espera en la matriz del inconsciente, sin otra luz que la de la luna para iluminar el paisaje.

[La coagulatio]

Esta etapa del proceso consiste en la transformación de una sustancia hasta entonces fluida o gaseosa en una sustancia sólida; en términos psicológicos, es la concreción en la vida real de sentimientos, imágenes, emociones e ideas.   En alquimia, la coagulatio se asocia con el planeta Saturno, cosa que no resulta sorprendente, y psicológicamente representa un proceso de encarnación en virtud del cual cosas incorpóreas llegan a nacer en forma física.

Así como la solutio implica una experiencia de fusión y de pérdida del yo, de la identidad individual, la coagulatio implica una experiencia de separación y de formación del yo.

La etapa de la coagulatio puede seguir tanto a la calcinatio como a la solutio.   Entonces se produce la gradual integración en la vida real de las vivencias, las intuiciones profundas y los cambios logrados merced al dolor infligido en la etapa anterior por el agua o el fuego.   Es natural que la coagulatio venga inmediatamente después de la disolución de las fronteras y el verse anegado por el inconsciente que describe la solutio.

Es también una secuela natural de la combustión apasionada de la calcinatio: después de que las llamas se han extinguido y se ha consumido la escoria, uno descubre gradualmente la verdad sobre sí mismo y sobre las limitaciones mortales de los otros.   La frustración del deseo termina por llevar a la aceptación de la propia responsabilidad, y a la capacidad de enfrentarse solo con la vida y tomarla tal como viene.   Las compulsiones han quedado reducidas a cenizas, y ya no es probable que uno vuelva a estar tan dominado por ellas.

La coagulatio también puede preceder a estas dos etapas, porque lo que se ha solidificado puede volverse demasiado sólido, y en futuras transformaciones será necesario descomponerlo otra vez.   Podemos ver este proceso en la evolución natural del yo, que en el momento del retorno de Saturno, hacia los veintinueve años, empieza a cristalizar, y que cuando, hacia los cuarenta, llega a la oposición de Urano, está listo para volver a fortalecerse gracias al descubrimiento de nuevas potencialidades.   Con frecuencia, hacia la época de la oposición de Urano, la personalidad se ha vuelto demasiado rígida y defensiva, y se produce una disolución o combustión -frecuentemente expresada en problemas matrimoniales o de relación amorosa, o mediante un cambio de carrera apremiado por una especie de sensación desesperada de que uno se ahoga- que arranca al individuo de ese estancamiento.   Esto va seguido a su vez por otra coagulatio cuando Saturno forma una oposición con su propio emplazamiento en la carta y hay que integrar en la vida real las vivencias de la oposición de Urano.

El proceso de solidificación de lo que antes ha sido líquido o gaseoso es propio de los signos de tierra; es su tarea y su don natural.   Para una naturaleza así, las otras etapas son más difíciles.   Para los signos de aire y de fuego, el advenimiento de Saturno puede ser de lo más molesto, porque estos son dos elementos que no quieren cristalizar.   Esta etapa les parece una especie de muerte, y una pérdida aparentemente permanente de júbilo, espontaneidad y potencial creativo.

la coagulatio se relaciona con el compromiso en todos los niveles.   Se relaciona también con los problemas físicos, y con el hecho de darse cuenta de que se es el habitante de un cuerpo.

[La sublimatio]

En la alquimia la sublimatio no tiene la menor implicación de escapatoria ni de evitación.   Está asociada con el elemento aire y con los planetas Júpiter y Mercurio, aunque en la actualidad podríamos considerar a Urano como otro representante astrológico de esta etapa.   Con frecuencia, la simbología de la sublimatio pone en juego pájaros o figuras aladas.   Es el proceso por el cual un contenido instintivo se transforma en una imagen, y no se trata de un artificio deliberado como un ejercicio de fantasía guiada, sino más bien de una función psíquica espontánea.   No podemos hacer una imagen simbólica auténtica a partir del material psíquico.   La imagen se hace sola.   La psique se representa a sí misma simbólicamente, y esto es una transformación de la prima materia, porque el símbolo da margen para el desapego y la objetividad, al mismo tiempo que preserva el significado.   Es decir, la sublimatio de la alquimia es muy diferente de la sublimación en el sentido psicoanalítico, porque aquí no se está reprimiendo nada.

Lo más frecuente es que el proceso de la sublimatio se genere a partir de una de las otras tres etapas.   El movimiento de la calcinatio a la sublimatio va desde el deseo frustrado de un objeto externo a la transformación de ese deseo en una imagen interna que contiene un significado y un propósito, y capacidades regenerativas para la propia vida.   Voy a darles un ejemplo bastante común de lo que quiero decir.   Sentimos una poderosa atracción sexual hacia una persona a quien no podemos tener, porque está lejos, ya tiene pareja o no le interesamos, o porque nosotros mismos ya tenemos otro compromiso.   Si "actuamos" esta pasión, como hace mucha gente, el resultado puede ser un placer pasajero y algunas cosas mejor entendidas que antes, pero con frecuencia el precio que pagamos es demasiado alto, a menos que de la situación se pueda desprender algún nivel más profundo de significado.   Este es un viejo cuento.   La "actuación" proporciona sus satisfacciones, pero tomada aisladamente tiene poco que ver con los procesos que hemos estado estudiando hoy.   Y tampoco reprimir una pasión así hace ningún bien, porque seguramente reaparecerá súbitamente en alguna otra ocasión y con otra persona, si es que no forma un amargo residuo de vida no vivida, que al fin termina por envenenar cualquier relación en que uno efectivamente se encuentre.   La alternativa alquímica consiste en tener conciencia de los sentimientos y mantenerse leal a ellos, pero conteniéndolos o, dicho de otra manera, no "actuándolos".   Es el lobo en el alambique, que aúlla, protesta y se quema.   Si el yo puede contener la combustión, entonces el objeto amado comienza a interiorizarse, es decir, uno empieza a ver cuál era esa parte de sí mismo no cultivada ni vivida y que había sido proyectada afuera, porque ahora esa parte vuelve adentro en la forma de una imagen interior.   Esto suena simple, pero es terriblemente doloroso, como lo sabrá cualquiera de ustedes que haya pasado por el proceso.   Y sin embargo, esta interiorización del objeto externo en una imagen interna, como el hecho de darse cuenta de que la belleza del ser amado es una dimensión de la propia alma, es el trabajo de la sublimatio.

Con gran frecuencia, la sublimatio emerge espontáneamente por influencia de tránsitos o progresiones de Urano, y en menor medida, de Júpiter.   Con el acercamiento de Urano, el individuo suele encontrarse obsesionado o fascinado por alguien o por algo, o se produce algún tipo de estallido o de alteración en su seguridad básica.   Hay con frecuencia una frustración ardiente, una especie de calcinatio, o un ahogarse en fantasías eróticas, pero no pasa mucho tiempo, durante el transcurso del tránsito, sin que el individuo tenga una intuición que lo ilumina, y que le será más fácil de alcanzar si es capaz de esperar en calma en vez de echar a correr por ahi como un desesperado.   Esta nueva intuición revela un significado y transmite la sensación de que está operando una pauta o modelo que con frecuencia asume inicialmente la forma de una imagen onírica.   Uno empieza a ver las cosas de otra manera, desde un lugar más alto y luminoso donde el aire es más fresco, y puede empezar a hacerse algunas preguntas que vienen muy al caso: "¿Qué tiene que ver todo esto conmigo? ¿Qué relación tengo yo con las cosas que me están pasando? ¿Qué es lo que ha constelado dentro de mí esta situación? ¿Qué partes de mí mismo he estado intentando mantener inconscientes, sin vivirlas?".   Urano tiene una manera especial de abrirnos la visión y la imaginación valiéndose de separaciones que liberan energía y permiten que se fertilicen y se activen niveles mentales y espirituales nuevos.

La sublimatio nos saca de nuestra propia confusión, pero no es una etapa en la que todos nos sintamos cómodos.   Los signos de aire, por cierto, la prefieren, lo mismo que en alguna medida Sagitario, que es el más aéreo de los signos de fuego, por así decirlo.   Pero un temperamento de agua o de tierra comienza por sentir que la sublimatio es fría y aterradora.


- Liz Greene en el libro "La Dinámica del Inconsciente". -